domingo, 13 de marzo de 2011

9: De donde mismo lo conociste tú.

Volver al Colegio tiende a ser una de las peores cosas que pueden pasar cuando realmente estás disfrutando un verano. Han sido pocos los veranos que realmente me he sentido increíble y que no me haya aburrido después de un tiempo. Es que tiendo a ser muy intenso, según me han dicho, pero eso hace que me aburra rápido de las cosas. Incluso de la gente.

Pero ese verano había estado con mis amigos, mis primos y mucha gente que no conocía y que era muy simpática. Había dormido mucho, troté demasiados kilómetros y reí demasiadas veces. Volver al Colegio, especialmente cuando significaba ver a Sebastián me producía algo de angustia. Rafa estuvo viniendo mucho después de esa vez, y me hizo ver que no era necesario que hablara con él.

Finalmente, podíamos entenderlo como un malentendido. Sin embargo, me molestaba sobremanera hacer como si nada. Como si el tiempo hubiera eliminado la gravedad de los hechos. O no gravedad. Sino que intensidad.

Al llegar, saludé a mucha gente antes que a él, sintiendo que me observaba. Sabía que él notaba mi presencia y que en general para el grupo de amigos en común, era algo incómodo. Pero existía un silencio cómplice que decidimos implícitamente prolongar todo lo necesario. Me sentía observado, mucho. Pero no era algo que me intimidara. Podía manejarlo. Quizás me gustaba esa sensación.

Me acerqué y saludé a Roberto, justo al lado de Sebastián. Él no sabía dónde mirar ni qué cara poner. Mordía un estuche fingiendo que no ocurría nada. Pero yo había pensado muchas veces esta situación, y aunque no me agradaba, me sentía en mejor posición que él para llevar una conversación.

- Sebastián, buena. ¿Cómo estás? – dije sonriendo levemente.

Él sólo me dio su mano y ni se esforzó en mirarme a los ojos. Sabía que si no lo hacía ahí mismo no lo haría jamás.

- ¿Acompáñame a comprar?

Sin decir ni una sola palabra, de nuevo, sólo se levantó. Pensé que me iba a seguir, pero esperó que avanzara para ir tras mío.

- ¿Cómo estuvieron las vacaciones, Seba?

- Bien. Bien. Ahí.

- Ah. Bueno.

Los silencios que prolongaba y las miradas de la gente lo pusieron muy incómodo, y si había algo por lo que se destacaba, era su timidez. Su exagerada timidez, digamos.

- Oye… creo que tenemos que hablar, parece.

- ¿De qué? – preguntó. Su corazón latía tan fuerte que cualquiera ahí podía haberlo oído.

- De lo que pasó en tu cumpleaños pues. Para que quede claro…

Ninguno de los dos habló por un rato. Bajando la escalera, se acercaban más compañeros que habiéndose enterado de lo que ocurrió, nos omitían el saludo. Ni siquiera se acercaban. Incluso vi pasar a Rafa que no me miró a los ojos. Quizás para darme tranquilidad, de que todo estaría ocurriendo normalmente.

- Seba, mira… no tienes nada que explicar. Yo entendí que fue una tontera. Y a mí lo único que me importa es que sigamos siendo amigos.

- Amigos – dijo levantando las cejas. Hasta para las ironías Sebastián apestaba.

- ¿Por qué no?

- Mateo, no sé.

- ¿No sabes qué? Mira, si no me explicas claramente no entenderé nada.

- Yo tampoco entiendo nada.

- ¿Ah?

Sebastián hablaba en código. Siempre dejaba palabras sin decir, frases sin terminar. Le gustaba el misterio quizás, pero su nula expresión oral y emocional me irritaba. Yo, había aprendido hace unas semanas a decir todo lo que pensaba a medida que lo pensaba y a mover un poco mi cuerpo expresándolo. Me gustaba sentirme algo actor, y desde que mi figura mejoraba, sentía que me daba más atención de la gente.

- El Martín me dijo que no tenía que pescarte mucho…

- ¿Martín? ¿Qué Martín?

No teníamos ningún amigo en común que así se llamara, salvo el perro de una amiga. Y no creo que su bipolaridad lo haya llevado a hablar con perros. O al menos a creer que eso pasaba.

- Martín, po. No sé su apellido la verdad. Pero el huevón hueco.

- ¿Hueco? ¿Martín? ¿Cuál?

- El que se dejó barbita po. Del chat.

¿Qué? Dos palabras que no suelo oír juntas. Hueco (gay) y chat. Siempre hay cosas raras cuando uno conversa con la gente, parece.

- Y… ¿cómo lo conoces? – pregunté sin saber qué excusa iba a decir yo. Y por qué Sebastián decía que lo conocía.

- De donde mismo lo conociste tú po. Él me contó lo de ustedes.

Ah. Avanzamos. Al menos me reconoció que es gay. Bueno, se dio a entender.