jueves, 30 de diciembre de 2010

1: La mega confesión

Había estado mucho tiempo pensando cómo empezar. Quise ponerme siútico y quería empezar el relato desde la mitad de la historia, así sólo los inteligentes captarían el mensaje, pero recordé que en este planeta la gente no se destaca por su capacidad de entender lo que lee (lo que es tema para otro día), así que me puse simple. Pensé que las películas más entretenidas, por su liviandad quizás, son esas juveniles en las que el protagonista narra lo que ocurre, y cuando tiene que presentar a un personaje nuevo, paraliza la cámara, da un detalle importante y luego seguimos todos viendo mientras la historia transcurre en su Secundaria.

Eso quiero. Que hasta el ser humano menos procesado (sin ofender: culto) pueda sentir, al leer estos simplones conjuntos de letras pegadas entre sí, exactamente lo mismo yo cuando viví esta historia.
Bueno ¿y qué tanto? Todos tienen razones para hacerse su blog y no tengo por qué explicártelo, como si nunca te hubieses sentido bien al contarle tus secretos a un desconocido. Y en mi caso, espero a muchos desconocidos.

Aquí va mi historia. Imaginen a un muchacho de 16 años (no es la edad que tengo ahora, pero como dije, quiero partir desde el principio) vestido para la ocasión. Como a la gente le gusta lo físico, explicaré que a mis 16 años era bien lindo, tenía una bonita sonrisa, mis ojos negros exageradamente negros y mi piel estaba bien bronceada por el verano que estaba terminando. Mi parte favorita eran y serán siempre las piernas. El trotar por las mañanas y mi operación de Apendicitis en un par de meses habían logrado que bajara mucho peso y estaba, realmente en mi mejor momento. Mi familia me adoraba, me iba bien en el Colegio, no tenía grandes problemas económicos y quizás, esa perfecta armonía podría haber durado para siempre.

Como decía, estaba vestido para la ocasión, porque mi Colegio – de curas y puros hombres – se había preparado para iniciar el “nuevo año escolar 2007” y yo, por supuesto, era quién debía dar el discurso de Bienvenida. No es que vaya a relatar todo lo que pasó desde el primer día, pero es que, la llegada de nuevos profesores y curas provocó el primer incidente. Estaba yo preparándome para el discurso, con mis padres entre el público muy emocionados, tanto que mi madre se maquilló y mi padre se había afeitado su frondosa barba, y detrás del escenario – lo que los tevitos llamarían ‘backstage’ – conmigo se encontraban mis profesores, los nuevos y antiguos. Me habían preguntado el nombre, el curso, qué es lo que diría, si estaba nervioso, si sabía manejarme con el público, etc. Respondía a todo con un carisma sólo visto en mí cuando hablo con gente que no conozco (y que no he podido odiar aún).

Un profesor que por ahí estaba, había sido mi profesor jefe como en 5to básico, y aunque ambos lo sabíamos, nunca nos saludábamos como si nos acordáramos. Conversaba con quizás el cura (o padre) más tímido que jamás ha existido. Y ahí fue cuando intervine obligado a responder que ese hombre sí había sido mi profesor jefe. El fingía no acordarse, pero ni siquiera había terminado de esforzarme en pensar cómo hacerlo recordar y ya había asentido a todo lo que el padre decía. Nunca me han gustado mucho los curas, siempre, inconscientemente sospechaba que todos eran pedófilos y aunque era cortés con ellos, no me gustaba acercarme mucho a todos esos abrazos, reuniones privadas, encuentros espirituales e intimidad que lograban mis compañeros con ellos, y especialmente esa sensación se acrecentaba con este hombre, así que me alejé tanto literalmente como de la conversación que me estaba invitando a desarrollar. Quería saber si yo era un “cabro chico pillo”. Las arrugas en sus manos y su calva no aumentaban la confianza como podrán sospecharlo, así que le pregunté por el extraño clima que estábamos teniendo a esa altura de marzo, y le agradecí cualquier cosa sin tocarlo antes de irme para “prepararme sicológicamente”.

El anfitrión dijo mi nombre un rato después y al acercarme al podio para mi mensaje, escuché la voz de mi profesor jefe.
- Ahí va el muchacho – le dijo al cura.
- Ah, vamos a ver qué dice – respondió, mientras los dos supongo yo, se sonreían.
Mientras hablaba, puras sandeces realmente, como que teníamos un desafío con el mundo y que lo lograríamos esforzándonos (por ir a un colegio ¿?) y bla, bla. Siempre sentí la voz de los dos hablar. Y una vez terminé, me acerqué desde el escenario al lugar en que escuchaba los sonidos, es decir, separados por un telón y oí claramente la maldita frase. No me dejó dormir varias horas (porque el sueño en un punto es tanto que a las 2 de la mañana uno ya simplemente se duerme) y muchísimas veces buscaba una explicación.

¿Cómo sabía? ¿Por qué lo dijo? ¡No es verdad!
¿A quién recurre uno cuando un profesor le dice algo como esto a otro? ¿Cuántos más lo sabrán? ¿Se lo habrá dicho a mis padres?

Lo terrible fue que me paralicé, me puse muy blanco, pero mi ritmo cardíaco estaba al borde del límite. Incluso empecé a sudar. Mis compañeros me preguntaron por qué me puse nervioso después del discurso y no antes. Pero yo no podía responder. Había sido demasiado terrible y no sabía con quién hablar. Quizás, con el tiempo se olvidará. O quizás si me enfrento al profesor y le digo que dejé de decir mentiras de mí. Ese día, ustedes verán, me cambió la vida.

Quería llorar, pero también quería golpear a alguien, quería asesinar a las dos personas.
Sospechaba de los ojos de todo el mundo. ¿Sabrá él? ¿Habrá escuchado ella el rumor?

No pude concentrarme en semanas, realmente. El profesor dijo la maldita frase y sentí como todo mi mundo explotaba. Le había dicho al cura que yo era gay.

3 comentarios:

  1. No sé si te gustara lo que escriba!
    realmente me sorprendió leer esto

    Parece novela,
    tampoco juzgare si es ficticio o es verdad
    porque me gusto.

    Parece vago, pero me siento en parte identificado!!
    espero leer mas y sin duda te seguiré!!

    ResponderEliminar
  2. Nekokuro_, te prometo que fue la mejor noticia, me alegró demasiado.

    Muchísimas gracias por tu comentario, y sí, es verdad, al menos hasta esta parte, esa es la idea del anonimato. Empecé hace unas horas con esta loquísima idea, inspirado por un capítulo de Dr. House, y bueno, espero publicar con cierta periodicidad: un par de veces a la semana. Así que mantente atento y promocióname, para que sea más grande!!!

    Muchas gracias, otra vez.

    ResponderEliminar
  3. Me gustño, quiero más.

    ResponderEliminar