domingo, 2 de enero de 2011

3: Tócame, tócame aquí.

Gabriela había llegado temprano. Tanto, que a todos nos despertó. Es que la noche anterior con un partido de la selección, un asado y la visita de nuestros tíos desde Brasil nos habíamos dormido muy, muy tarde.

Cuando entró a todos nos sorprendió. Conocíamos a su novio pero no lo recordábamos así. Y quizás por el sueño que aún teníamos nos descolocó un poco el tono de su voz. Era lindo, pero su voz era como la de un gangoso con mucha flema. Llegaron a sentarse y comer algo del maní que sobró de la noche anterior. Mi prima había crecido con nosotros. Después del Liceo llegaba rápidamente a ayudar a mi madre con la comida y las camas. Creo que incluso me cambió el pañal un par de veces. Así que para mis padres significaba mucho que ellos personalmente nos vinieran a invitar a su matrimonio.

Desde que los papás de Gabriela se separaron, ella solía estar con nosotros. Incluso se había ganado una pieza, la que ahora usaba Pía. Tenía como 5 años más que Alan, pero se veía de mucho más. Quizás porque tuvo la obligación de madurar más rápido que el resto.

Había quedado para el 3 de Noviembre. Luego de conversar todos y de reír de cosas sin sentido, se fueron en un auto muy grande para dos personas.

El 2 de Noviembre era el cumpleaños de Tomás. Un amigo del Colegio. Las fiestas en su casa – mansión siempre eran muy recordadas y ahora que cumplía 18 estuvimos oyendo lo grande que sería desde Junio.

Tomás tenía mucho dinero. Bueno, sus padres. Pero el tenía personalidad de quien no se preocupa por nada. Regalaba muchas cosas, invitaba a todo el que se le cruzaba y era famoso porque fue el primero en tener auto. Incluso yo, que iba un curso más abajo que él y teníamos – quizás nada – muy pocas cosas en común había pasado varios fines de semana en su casa en la nieve.

Sabíamos que ese cumpleaños iba a ser legendario. Cerca de 400 personas fueron invitadas y siendo un Viernes todos esperaban que fuera la mejor noche de sus vidas. En Educación Física nos habíamos dedicado a sacar abdominales, incluso Damián, un amigo, logró bajar cerca de 10 kilos, aunque a la semana siguiente subió como 40.

Cuando estuvo todo preparado, nos fuimos en una minivan contratada por la familia de Tomás, que salía desde el Colegio. Adentro todos reíamos y gritábamos por todo. El tema central fue, por supuesto, las minas. Rafa, burlándose de todo, dijo que ese día, al fin yo podría besar a una mujer, y aunque todos me habían visto haciéndolo, se rieron a morir. Quizás por el efecto que ya el alcohol les hacía.
Mi grupo de amigos era uno muy grande, y el que más cosas hacía. Eran esos que interrumpían al profe para decir un chiste, de los que todo el tiempo hablaban de mujeres, de los que hacían deporte y que conocían a todo el mundo. Yo, estaba ahí simplemente porque tenía personalidad y ni ellos ni yo nos intimidábamos mutuamente.

La estrella, sin duda, era Rafa. Era exageradamente canchero, muy chistoso, adorable por donde se le viera y tenía unos ojos azules perfectos. La gente lo amaba, y yo aunque no brillaba tanto como él, lo entendía. Le seguía siempre sus planes, lo acompañaba a donde fuera, y el hacía lo mismo por mí. Nos reíamos mucho juntos, y me conocía desde hace muchos años. Nunca le tuve envidia, realmente lo amaba. El tipo había hecho mucho por mí, y cada vez que me veía callado, iba a buscarme para hacerme reír. Cuando me habían operado, terminó con la novia, porque ella no entendía por qué Rafa se había quedado a dormir en el Hospital por mí y no estaba con ella. Ni siquiera fue una pelea, pero Rafa sintió que ella no valía la pena si no era capaz de ver lo cercano que éramos los dos. Era una amistad muy sincera, y aunque siempre hablábamos en el tonito de burla, el abrazo que me daba a la despedida, me decía lo que en verdad sentía por mí.
Así que, como entre todos los de la van, sólo me importaba Rafa, le perdoné que se burlara de mí todo el tiempo. Yo, evidentemente, le respondía cada estupidez. Al final, el viaje se transformó en una serie de comentarios de uno contra el otro que acrecentaba la histeria de los demás, que seguían tomando y no llevábamos ni la mitad del camino. Rafa pidió que no me dieran alcohol, porque o si no iba a cometer un error esa noche. Podría finalmente perder la virginidad. Yo pedí que todo se lo dieran a él, para que tenga el valor finalmente de estar con una mujer linda. Rafa, riéndose, me comenzó a golpear y yo le respondí cada golpe. Al final nos transformamos en la diversión para los demás.

Al llegar, vimos a un montón de gente en la piscina. Otro montón de gente esperando a entrar. A mucha gente en el patio y otro tanto dentro de la casa. La música estaba tan fuerte que la sentía en el estómago.
Antes de entrar, los demás se nos adelantaron y quedé sólo con Rafa.

- ¿Estás bien? – me preguntó.

- Sí, ¿y tú?

- Sí, sí. Pensé que se me había pasado la mano.

- No, Rafa. Tranquilo. Soy de piedra.

Se rió, como siempre. Y me dijo que entonces fuéramos a cazar. Saludamos a Tomás, le dimos su regalo y nos indicó el bar. Había una mujer preciosa sirviendo los tragos. Tanto, que decidí aceptarle sus licores, y eso que jamás tomo. Rafa me dijo que buscara algo que estuviera a mi altura.
La noche se pasó en eso. En dar vueltas mirando qué había. Tomar algún trago. Saludar a un par de personas, e intentar finalmente hacer un paso de baile, los que nunca realmente fueron mi fuerte.
Pablo me dijo que tenía que conocer a una mina. Que era perfecta para mí. Así que subí las escaleras y salí al balcón donde estaban mis compañeros. Ahí estaba. Se llamaba Leonor y era, realmente muy linda. Tenía unas curvas perfectas y me había saludado con tanta atención que supuse le habían hablado de mí. Rafa en el fondo miraba sonriendo.

Leonor y yo estuvimos conversando mucho tiempo. Teníamos muchas cosas en común y era muy simpática. Se reía de mis chistes y no tenía que explicárselos. Me preguntó por mis ojos.

- ¿De qué color son tus ojos?

- Negros.

- ¿Negros? ¿No café?

- No, no café. Son negros. Muy negros.

- Me encantan, son como tiernitos.

Tiernitos, qué cresta es esa palabra. La cosa es que me estaba gustando conversar con ella, y aunque las demás parejas habían ido a bailar, ella y yo decidimos sentarnos a seguir conversando. Podríamos estar ahí por siempre. Hablábamos tantas estupideces. Pero siempre era como “y yo también”. Me moví un segundo hacia atrás a buscar una botella, y Rafa me dijo “Ataca tigre”.

Siempre había pensado en excusas para no hacerle caso cuando me incitaba a besar a una mujer, pero esta vez no tenía excusa. Era muy linda realmente, y la idea me había rondado un par de veces. Volví a sentarme y veo que Leonor estaba conversando con Sebastián.

Sebastián era muy lindo. Pero su timidez me tranquilizó. Pensé que simplemente le preguntaba la hora o algo así. Y al acercarme, ella me dice que fue un gusto hablar conmigo. Se para y se va con él.
Con la botella en la mano veo como se van caminando y me quedo sin decir nada. No pasaron ni dos segundos de esa patética escena hasta que Rafa pone su brazo en mis hombros y me dice que me calme. Que la mina no era tan bonita. Le sonrío y le digo que no se preocupe, que estaré bien.
Meses después, Rafa me confesó que en ese momento se sintió culpable, porque él había pensado que Leonor y yo hacíamos buena pareja y fue su idea juntarnos, pero que no sabía que ella ya conocía a Sebastián, así que por eso le dijo a una niña semi ebria que fuera a hablarme. Tenía un mechón de pelo verde que la hacía sobresalir por los demás.

Ni siquiera se presentó. Estaba yo vagando por ahí cuando me tomó del brazo. Se reía y me dijo que le gustaban mis ojos. Miré hacia atrás y estaba Sebastián bailando con Leonor. Nadie había visto antes a la del mechón verde, y aunque era muy linda también, el olor a alcohol mató todas las pasiones que podría haber llegado a sentir.

Treinta y nueve segundos después, estaba bailando conmigo, con su boca muy cerca de mi oído.
No me gustaba realmente, pero veía a todos los demás bailando, y a Leonor en el fondo con Sebastián, me hizo sentir muy idiota, así que acerqué a la del pelo verde y puse mis manos en su cintura. Ella tomó mi mano y la movió hacia abajo. No sé qué parte del cuerpo era, pero era muy parecido a un glúteo.

- Tócame, tócame aquí – me dijo.

Sin pensar lo que hacía la toqué, y decidí cerrar los ojos. Segundos después sentí su respiración. Olvidé su olor y acerqué mi cara. Se sentía bien, después de todo.
La besé durante mucho rato, esperando que Leonor pudiera haberlo visto. O cualquier persona. Son esas cosas que uno hace para los demás.

Ella continúo y sentí su lengua. Su piel era muy suave y algo de su perfume de frutas pude sentir. Era realmente algo que me tenía algo nervioso, pero me gustaba hacer. Me toma de la mano y al avanzar hacia una esquina del patio. Seguí ahí, cerca de media hora. Jamás pensé que algo así podría ser tan agradable. No era sexual. No era sucio. Eran sólo besos. Bonitos besos.

De pronto, un par de niñas con el pelo de colores, tragos en la mano y ropa ajustada se acercan. Vienen a buscarla. La toman del brazo y me piden perdón. Dicen que tienen que ir a atender un llamado. Y yo sin gran preocupación le digo que vayan. Mientras con la vista trato de buscar a Leonor.
Sólo puedo ver a Rafa bailando con una mujer preciosa. Horas después, la van me lleva de vuelta al Colegio, donde mis padres esperaban.

Lo dramático sucede cuando estoy en el matrimonio de Gabriela. Me puse el mejor terno que pude comprar. 
Todos nos veíamos muy bellos, y hasta Pía se había hecho un peinado especial. En la recepción la voz gangosa nos agradece y nos dice dónde sentarnos. Había muchísima gente.
La tía Alicia nos recibe dentro, y nos presenta a la fila entera. Todos muy compuestos y elegantes. En la última silla, se levanta una niña. Viene detrás del tío Roberto y saluda a toda mi familia como si nada. Yo la reconocí. Tenía el mechón verde.

¿Qué hacía acá? No me puse nervioso, pero buscaba una explicación. Ella me saluda mirando para cualquier lado, menos a mí. No podía confundir ese mechón. Le pregunté qué hacía ahí, y me dijo que vino al matrimonio de su hermana, riendo. ¿Qué? El tío Roberto pregunta si nos conocemos extrañado. Ambos respondimos que no. Ella de pronto me toma de la mano y me dice si fui a buscarla. Alan se da vuelta sin entender que ocurre y mi papá logra escuchar. Me pongo muy nervioso. Y me da algo de asco. ¿Su hermana?

¿Qué cresta está ocurriendo? Justo la del mechón verde ¿hermana? ¿Mi prima? Ella sólo se ríe y mira al tío Roberto.

- Papá, te presento a mi pololo.

Es todo. Nunca más besaré a una mujer en mi vida.

5 comentarios:

  1. aajajaj pal pico wena wena

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  2. O:
    te hubieras apurado con Leonor ? xD
    q mala suerte... lo leo y no lo creo

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  3. A veces uno hace cosas sin sentido y después se arrepiente. Otras uno no hace cosas y después se arrepiente y esta es una historia de cómo pasan los dos fénomenos a la vez.

    ¡Gracias Le.o! El mejor de todos!

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  4. esperando el sgte numero =P

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  5. Wooo...

    la cuestión sorprende,
    me llama la atención que no supieras que era prima
    pero hay casos!!
    Leonor, se la perdió!!

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